9 Junio 2007
LOS ASESINOS MUSULMANES Y SUS PRETENSIONES
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No sabemos en realidad cuantos son, puesto que es “una fuerza secreta” y no sabemos tampoco, quién o quienes los mantiene e incita, puesto que para mantenerla se necesita aparte de organización, mucho dinero… y todo ello no se improvisa; el dinero mucho menos. Dicho ello debo significar que me importa un bledo cualquier tipo de religión, siempre que sea pacífica y que se limite a practicar sus ritos y costumbres en los lugares en que puedan; puesto que si se trasladan a otros países, han de aceptar las leyes; todas las que allí existan y si no, pues que se queden en “sus lares”.
Escribo este artículo cuándo simultáneamente se producen, varios atentados suicidas en Argelia y Marruecos… “nuestros vecinos más próximos y musulmanes”. Tras ello, se vuelve a la cantinela de “reconquistar Al Andalus”; por ello conviene recordar “jirones de la historia” y decir primero que Mahoma y su libro, no son “el inicio del mundo y menos el Occidental”.
La anterior invasión islámica a España (no olvidemos nunca “lo de invasión” y que aquí; había entonces un reino cristiano visigodo, con casi cien reyes que se sucedieron en algunos siglos y que antes Hispania fue Romana y antes “muchas más cosas”) fue debida a la traición de un noble, afincado en Ceuta. Entraron y conquistaron hasta meterse en lo que hoy es Francia (Poitiers: en el centro del país). A aquellos musulmanes los derrotan en Poitiers (Francia) por tanto si reclaman todo, reclaman parte de Francia y otras partes extensas de Europa. Desde allí, “fueron siendo barridos y vueltos a echar al mar”, aunque se tardara tiempo; y España tuvo que cargar con todo el peso de ello. Igualmente por el lado oriental, entraron en Europa y fueron (luego) barridos hasta Estambul... ¿qué quieren estos retrógrados... otras interminables guerras de religión y un vuelta a empezar de nuevo? Desde mi modesta tribuna, llamo a los verdaderamente españoles y europeos en general, amén de todos los occidentales; para ir levantado la fuerza de la razón y la de la historia del hombre… puesto que no queremos, orar "con el culo al aire"; queremos seguir con la libertad que con el Islam no tendríamos jamás… por ello, pensad el que sepa hacerlo; y el que no, que vaya aprendiendo y cuanto antes, ya que “esto no parece una broma”.
Yo creo que no sólo esos asesinos islamistas, están locos; igualmente lo están los denominados medios de comunicación con su sensacionalismo idiota; puesto que en vez de formar barrera inteligente y diciendo cada día cosas como estas; siguen los gritos de esos asesinos y de paso le hacen la inmensa propaganda que ellos necesitan y además gratuitamente; o sea de similar forma a que se hace a los asesinos de la ETA. Y a los que hay que calificar de eso sólo, o solo eso… a s e s i n o s.
¿Pero qué le debemos al Islam?... moralmente nada que no dijera y esté escrito en las verdaderas enseñanzas de Cristo y las anteriores tablas de la ley de Moisés; que curiosamente el Corán (Mahoma) respeta y queda así escrito en dicho libro.
En cuanto a enseñanzas materiales; es cierto que en aquella invasión, traen cosas nuevas o recopiladas de la civilización greco latina; pero posteriormente nada; baste decir que la imprenta llega a Turquía (“la Sublime puerta del Islam”) nada menos que en el siglo XVIII; y que hoy mismo, apenas si se editan libros en el mundo musulmán, que no sean su libro sagrado y las prédicas de sus imanes, que al igual que el libro, están estancados en el siglo VII de la era de Cristo.
¿Qué ha dado por el contrario Occidente a todo el mundo?... Pues y por sintetizar en pocas palabras, desde “los pantalones europeos y la chaqueta americana, la música; hasta toda la avanzada tecnología de la que se benefician y que pasa por la sanidad, medicina, alimentación, transportes, etc. etc. amén de la organización política que nos legara Roma”… ¿De qué se tiene que avergonzar Occidente… de la corrupción actual? Sí, indudablemente que sí… ¿Pero es que el mundo islámico está libre de pecado? Los males son similares, puesto que todos vienen de la acumulación excesiva del dinero y el poder por el poder, males que no conocen ni religión, ni profetas, ni libros sagrados.
Pero Occidente ha generado un pensamiento y unas leyes magníficas (Antes y después de Cristo) y que están ahí, simplemente hay que reactualizarlas y ponerlas en vigor, en beneficio de todo el planeta… y esa es la obligación de todo el poder de Occidente. Por el contrario el Islam, nos quiere devolver a los tiempos de Mahoma, “que en paz descanse”.
Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen.ciudad.org (allí más)
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18 Octubre 2006
El Islam: Una ideología religiosa
por Rubén Calderón Bouchet
La religión es un conocimiento rodeado de una serie de prácticas culturales que el hombre ha recibido del propio Dios, con las características de un contrato de adhesión, cuyas cláusulas debe respetar si quiere organizar su vida de acuerdo con los designios de la Divina Providencia.
¿Por qué una ideología?
El término ideología aplicado a la religión de Mujamad (Mahoma) no es una ocurrencia nuestra. En su oportunidad fue usado por Máxime Rodinson para dar cuenta y razón de la religión islámica cuando se ocupó del asunto en su libro sobre Mujamad (Mahoma).
No obstante, detrás del uso de una misma palabra, hay en Rodinson un trasfondo, llamémoslo filosófico, que difiere totalmente de éste que constituye el fundamento de nuestra personal posición. Para Rodinson la ideología nace de los cambios introducidos en el pueblo árabe por la fuerza de una economía comercial que impone, a la antigua organización tribal comunitaria, otra de tipo individualista sugerida por el auge de los nuevos criterios económicos. Indudablemente, para Rodinson no existe la religión como una realidad independiente de un estado particular de conciencia determinado por una relación específica entre el hombre y los medios de producción. La religión se convierte así en un ingrediente de la compleja respuesta que damos a las necesidades prácticas de la vida y que constituye algo así como la salsa poética en la dura prosa del proceso económico.
Menos racionalista que el Profesor Rodinson, creo que la religión es un conocimiento rodeado de una serie de prácticas culturales que el hombre ha recibido del propio Dios, con las características de un contrato de adhesión, cuyas cláusulas debe respetar si quiere organizar su vida de acuerdo con los designios de la Divina Providencia. Lee más
Fuentes: http://www.arbil.org/107cald.htm
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10 Septiembre 2006
Recuerdos de la conquista de Sevilla en Santander
Situado en el barrio de Monte, Casa Ciana es desde su apertura en 2004 uno de los restaurantes más recomendables de Santander, gracias a la inmejorable calidad de sus productos, asegurada por la experiencia de su propietaria, María Ángela Villa
Para ver foto y noticia:
http://www.eldiariomontanes.es/prensa/20060909/sociedad/recuerdos-conquista-sevilla-santander_20060909.html
En el año 1118 el radical teólogo y predicador musulmán Muhammad ibn Tumart se refugió con sus seguidores en Tinmal, en plena cordillera del alto Atlas, huyendo de sus enemigos los almorávides, contra los cuales dirigiría el grueso de sus ataques dialécticos y armados, bajo el manto de la Guerra Santa. Seguro en su bastión, se autoproclamó 'mahdi' (elegido) y organizó eficazmente su comunidad de 'al-muwahhidun' (almohades, confesores de la unidad de Dios) e integrada por diversas tribus bereberes, siguiendo el ejemplo de Mahoma y los primeros tiempos del Islam.
Su sucesor, Abd al Mumín, capitalizó la obra de ibn Tumart y se lanzó exitosamente sobre el imperio almorávide y los reinos bereberes, llegando a controlar el Magreb y al-Andalus.
Nacido entre convulsiones, el movimiento almohade se fue fracturando y en 1212 entró en crisis tras la célebre batalla de las Navas de Tolosa, en la que fue vencido por los ejércitos de los reinos del norte de la Península Ibérica. La derrota almohade marcó el ocaso de al-Andalus, que conoció la formación de las terceras taifas y el decisivo avance cristiano, bajo los liderazgos de Jaime I de Aragón y Fernando III de Castilla, que redujeron los gobiernos musulmanes al reino nazarí de Granada.
El escudo y la pila
Rey de León desde 1230, Fernando se hizo sucesivamente con el dominio de Córdoba -capital del antiguo califato, conquistada en 1236-, el reino de Murcia y Jaén, antes de tomar Sevilla en 1248. La pugna por esta última ciudad supuso una larga campaña de varios años y en ella destacó la intervención de una flota de naves cántabras, capitaneada por Ramón Bonifaz, que tuvo el cometido de controlar la orilla derecha del Guadalquivir -lugar de emplazamiento de las fortalezas de Triana y Aznalfarache a través de las cuales la urbe recibía ayuda.
El escudo de Santander recrea el momento en que los barcos cántabros rompen el puente de barcas que unía Triana y Sevilla, mostrando una embarcación que rompe las cadenas de la torre del Oro -entonces unida a la muralla sevillana y cubierta en su parte superior de azulejos dorados.
Por otro lado, en la girola de la catedral de Santander se conserva una pila de agua con una inscripción en árabe en caracteres cúficos -una escritura angular de contornos claros, que fue empleada para fijar el Corán hasta el XII- que la tradición considera un trofeo de la toma de la ciudad andaluza.
Encajada en el pasado en un pilar del templo, en la actualidad se presenta sobre un pilar tallado en estilo nazarí. El arabista Emilio García Gómez tradujo así la transcripción de su adorno caligráfico: «Soy en mi pureza más esplendorosa que el cristal de roca. Mi cuerpo está hecho de blanca plata. Cuando viene a juntarse conmigo el agua límpida, parece perla que se derrama en un hueco cóncavo. Élla es en realidad inferior a mí, aunque yo soy también un cuerpo hecho de agua sólida».
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23 Agosto 2006
DE MONSEÑOR ROMERO A JOMEINI Los conversos españoles al islam "La opción por los pobres constituye el principio vertebrador del discurso del ayatollah Jomeini (1902-1989), en sintonía con el discurso de la teología cristiana de la liberación elaborada en América Latina." Este disparate, que sólo lo es a medias porque la teología de la liberación puede desembocar en cualquier parte, aparece en la página web de la Iglesia de Base de Madrid.
DE MONSEÑOR ROMERO A JOMEINI Los conversos españoles al islam
http://agosto.libertaddigital.com/articulo.php/1276232191
Por Horacio Vázquez-Rial
"La opción por los pobres constituye el principio vertebrador del discurso del ayatollah Jomeini (1902-1989), en sintonía con el discurso de la teología cristiana de la liberación elaborada en América Latina." Este disparate, que sólo lo es a medias porque la teología de la liberación puede desembocar en cualquier parte, aparece en la página web de la Iglesia de Base de Madrid.
En esa página, propugna Juan José Tamayo-Acosta "la construcción de una teología cristiana y musulmana de la liberación". Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones "Ignacio Ellacuría" de la Universidad Carlos III de Madrid (sí, la de Peces-Barba) y forma parte del patronato de la Fundación Atmán, de la que hemos hablado a propósito de su escandalosa invitación a Tariq Ramadán.
La información sobre ese engendro ideológico, que suma el jomeinismo a la teología de la liberación, un movimiento que nada tiene que ver con la teología y cuyo representante más reciente y conspicuo es el encapuchado de Chiapas, viene en un libro terrible, imprescindible e iluminador titulado La España convertida al islam, escrito por Rosa María Rodríguez Magda y prologado por Jon Juaristi.
Si alguna vez tuve dudas acerca de la intencionalidad de quienes promovieron la teología de la liberación, ya no me queda ninguna: pocos movimientos surgidos de su propio seno hicieron tanto daño a la Iglesia Católica. La alianza perversa entre esta gente y el islam puede ser deletérea para Occidente en su conjunto. Al igual que las conversiones, que tienen el mismo origen ideológico: la izquierda que ha visto caer el comunismo en Rusia y Europa central, que ha visto frustradas sus expectativas en Asia, en África y en Hispanoamérica, que sólo se apaña con Castro, Chávez, Kirchner y Zapatero, y que finalmente ha reemplazado el mito del proletariado universal por la fe de Mahoma. Han reemplazado El capital por el Corán.
El primero y más notorio de esos desplazados de la izquierda fue y sigue siendo Roger Garaudy. Aún conservo en mi biblioteca Dios ha muerto, su grueso ensayo sobre Hegel. A veces pienso en releerlo, para ver qué fue lo que encontré en ese libro hace cuarenta años, si es que encontré algo, y hasta qué punto mi Hegel, del y sobre el cual he leído estanterías, está contaminado por las reflexiones de este sujeto, gran intelectual del PCF y padre de lo que entonces, en 1965, se llamó "diálogo entre cristianos y marxistas". Ese diálogo, establecido con los primeros curas obreros, con gran éxito en Italia y Francia (recuérdese Don Camilo, con su cura "amplio" y su alcalde comunista), es uno de los varios orígenes de la teología de la liberación, una consecuencia "progresista" de Concilio Vaticano II y del aggiornamento de la Iglesia católica, que puso a una parte de los católicos en el lado equivocado de la guerra fría. La prueba de esa relación, de que no fue Roma sino Moscú la que alimentó el cristianismo revolucionario en América latina, está en que, tras la implosión de la URSS, los sacerdotes metidos a guerrilleros desaparecieron del mapa, con la excepción del subcomediante Marcos, jesuita. Es de esperar que Benedicto XVI repare los muy dañados lazos del Vaticano con la Compañía de Jesús.
Garaudy, después de haber cumplido su papel en el Partido Comunista Francés creando ese Frankenstein, pasó un rato en las filas del cristianismo "social" (con perdón de León XIII) y después se mudó con armas y bagajes al islam. La Fundación Roger Garaudy tiene su sede en Córdoba, no sin subvenciones oficiales, por aquello de la multiculturalidad y el pasado andalusí, del que el hombre es principal promotor, en línea con Ben Laden. Porque Garaudy, ahora Ragaa, no se mudó a cualquier islam, sino al más radical: el del gran mufti de Jerusalem, Husseini, aquel antepasado de Arafat que contaba a Hitler entre sus grandes amigos y protectores, y que pasó en Alemania buena parte de la guerra. De modo que el antiguo comunista Ragaa se hizo negacionista, como Faurisson, pero sobre todo como Ahmadineyad, y como era un intelectual, escribió un libro titulado Los mitos fundacionales del Estado de Israel, por el que la justicia francesa lo condenó por difamación racial y negación de la Shoa. Tal vez lo más repugnante de cuanto se ha perpetrado sobre el tema desde Los protocolos de los sabios de Sión, incluidos Faurisson y Chomsky.
La cosa de las conversiones venía de antes de la llegada de Ragaa Garaudy a España (¿dónde iba a encontrar más tolerancia que aquí?). Juaristi recuerda en el prólogo a esta obra el caso de Enrique Ojembarrena Goiricelaya, discípulo de Ian Dallas, actor escocés, converso con su propia visión del islam, fundador del movimiento de los Morabitum. El libro de Rodríguez Magda está lleno de ejemplos que, estoy seguro, sorprenderán a más de uno. Ella fija el comienzo de las conversiones en los años setenta, es decir, antes de la gran inmigración de Magreb y de otros países musulmanes. España, y Europa en general, como demuestran la existencia misma de Garaudy y de Dallas, generó su propio cáncer.
Lo más notable de cuanto se expone en este trabajo, producto de una muy seria investigación y exhaustivamente documentado, es la cuestión de la procedencia de los conversos, casi todos antiguos militantes de las izquierdas y de los nacionalismos, y su presencia actual en partidos políticos, también de izquierdas, entre ellos el del gobierno. Reitero aquí el caso de Jadiya Candela, conversa, cuñada de Joaquín Almunia y letrada durante largo tiempo de la Comisión de Infraestructuras y Mixta para la Igualdad de Oportunidades del Congreso de los Diputados por el PSOE, y de su hija Yamila Pardo, igualmente conversa, abogada de los propietarios de la casa de Morata de Tajuña en la que supuestamente se prepararon las mochilas del 11-M.
Como yo tengo una visión conspirativista de la historia y lo asumo, diré que los más sabios de entre los dirigentes soviéticos que previeron el desmoronamiento de su régimen, prepararon diversos dispositivos para la supervivencia del virus en el mundo, además de su propia sucesión, de la que Putin es modelo perfecto. Esos dispositivos fueron el eurocomunismo, el cristianismo revolucionario y la alianza de las izquierdas occidentales con el islam. Ésta no es la tesis de Rodríguez Magda, pero su obra proporciona los elementos para sostener el último término.
Había terreno abonado en los lugares comunes creados por los "aliados [de los conversos] en la ficción ideológico literaria de muchos de nuestros escritores más mediáticos, como puedan serlo Antonio Gala, Juan Goytisolo, Sánchez Ferlosio... que completan la semilla dejada por Américo Castro", como dice la autora en un estupendo apartado del capítulo El mito de Al-Andalus, titulado "Catecismo de combate", que se cierra con el siguiente párrafo: "Es hora de replantearnos seriamente los logros de nuestra autocrítica, pero también de considerar nuestra responsabilidad ante el deterioro que un ‘pensamiento débil’ ocasiona en todos los fundamentos de la razón, la libertad, la igualdad, la emancipación, ideas rectoras de nuestra ‘denostada’ tradición, que no podemos ni debemos negociar."
En estas páginas no sólo está la historia puntual de los conversos españoles al islam que dieron ese paso a partir de los años setenta, sino un catálogo de orígenes que demuestra que el modelo Garaudy se ha repetido por doquier: profesionales de la militancia que abandonan o son abandonadas por las izquierdas, o que no ven en ellas posibilidad de seguir medrando con verdadera eficacia, cruzan el Rubicón de la fe y se apuntan a la iglesia ascendente. Garaudy no ha cambiado en realidad: es un estalinista consecuente, siempre en el lado de la revolución, la encabece Lenin, Stalin, Breznev, Ben Laden o Ahmadineyad. Tal vez a los demás les pase algo parecido.
Compren este libro, que dentro de unos años será una fuente primaria. Quizás haya que aprender de memoria su contenido antes de irse al bosque huyendo de los pirómanos organizados, para que las futuras generaciones de resistentes recuerden dónde empezó todo. En la ONU, con el discurso de Boumedienne de 1974, en los conversos europeos, en especial españoles, en la inmigración masiva de musulmanes, en el antisemitismo, en la cobardía de los que deberían defender la razón, la igualdad, la libertad, los derechos individuales, la noción misma de ciudadanía.
vazquez-rial@telefonica.net
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18 Julio 2006
El paraíso que nunca existió
Serafín Fanjul
http://www.libertaddigital.com/php3/opi_desa.php3?cpn=28555
Aznar fungía de Aznar, de adulto rompejuguetes peligrosos de niños bobos, asumiendo la antipatía del papel y dejando claro –demasiado ante quienes detestan la claridad– que huelgan las sonrisas de disminuido profundo
Hace unos días asistí a la presentación del último libro de Gustavo de Arístegui (La Yihad en España), obra más que recomendable y conveniente si queremos ir completando una imagen real, –y por ello incomodísima– de nuestras relaciones con el islam de antes y, sobre todo, de ahora. En el curso de su intervención el autor manifestó su resuelto intento de reivindicar la figura y la actuación de gobierno de José María Aznar. Se refería no tanto al conjunto total de medidas y actuaciones políticas del anterior presidente como a alguna parcela muy en especial: la relacionada con los árabes y la religión islámica, por la incidencia sobre todo final que revistieron en su mandato y por las evidentes manipulaciones y explotación a que se vieron sometidas a manos de un sector demasiado nutrido de los medios de comunicación.
De manera particular recordó Arístegui la primera conferencia pronunciada por Aznar en Georgetown, y que desencadenó una avalancha de críticas cuando no de burlas provenientes de políticos pisaverdes, periodistas ganapanes, bachilleras y zascandiles varios que, de repente, enarbolaron sus inexistentes doctorados en historia medieval y hermenéutica islámica y lo condenaron como provocador, ultramontano e ignorante. La verdad es que, dijera lo que dijera, lo iban a condenar igual: a este señor la izquierda de altos vuelos intelectuales (Pepiño, Montilla, Roldán) o la de honradez acrisolada (Juan Guerra, Vera, Rubio, Corcuera, Barrionuevo, más Montilla y más Roldán) no puede perdonarle no haber metido la mano en la caja, haber demostrado que no se precisaba el crimen de estado para arrinconar a la ETA y, sobre todo, lo peor de todo, haber anunciado –y cumplirlo– su retirada cuatro años antes de hacerlo, cuando se hallaba en la cresta de la ola. Estas cosas ni se perdonan ni se entienden siquiera. Pero la oleada de críticas no vino de nada de esto, sino de su afirmación acerca del comienzo de nuestros conflictos con el islam, que empezaron –afirmó Aznar y es imposible rebatirle– en el año 711 con la invasión musulmana.
Una evidencia. Y sin embargo, se lanzaron a crucificarle sin haber oído ni leído el texto de marras (el 99’99 % de los españoles), incluidas personas que se hallaban en Georgetown por esas fechas pero que no asistieron al acto. Recuerdo al respecto una carta al Director publicada en La Vanguardia de Barcelona de una persona –o sé con seguridad absoluta por habérmelo referido la autora– que no estuvo presente pero que vilipendiaba al anterior presidente por mancillar el alma mater universitaria, por dejar en ridículo a los españoles, por desconocedor atrevido y por sus malos conocimientos de inglés. Imposible sacar más y mejor rentabilidad de una lectura de oídas, ese género literario tan en boga en nuestras tierras, incluso cuando pateamos el extranjero. Y total, Aznar sólo había levantado acta de algo fuera de discusión: nuestros conflictos con el islam empezaron por obra y gracia del moro Muza y de su avanzadilla Tariq ibn Ziyad. Fue así.
Por mor de exactitudes antropológica, histórica, cultural, social y hasta folclórica podrá discutirse si aquellos hispanos, o hispanovisigodos del siglo VIII éramos nosotros; qué proporción racial, biológica, de civilización se ha mantenido en la Península a partir de aquellas gentes; si los conversos al islam, de grado y por fuerza, en los siete siglos subsiguientes mantuvieron y en qué cantidades las huellas hispanorromanas; si los musulmanes andalusíes permanecieron en Hispania a medida que avanzaba la Reconquista (más bien, con regularidad, no); si los cristianos del norte eran, o no, herederos directos y verdaderos de aquellos hispanovisigodos; si los mozárabes –o sea, cristianos sometidos– se arabizaron más o menos culturalmente y si se fugaban hacia el norte siempre que podían a causa del excelente trato que recibían de sus dominadores muslimes... Todo eso es matizable en diversos grados y maneras, pero lo incontrovertible es que la invasión musulmana truncó la historia de la Península y le imprimió un giro inesperado del cual se libraron la mayoría de los países a la sazón europeos, ya latinos, ya germánicos.
Como tampoco es posible negar que la nación española se forjó a la contra del islam, resultado de no querer ser musulmanes, en un proceso dilatadísimo de tenacidad y conciencia colectiva, al principio limitándose a sobrevivir a las aceifas e incursiones depredadoras y de exterminio con que regalaban a los “gallegos” (casi todos los norteños) los emires de Córdoba en cada estío (eso significa “aceifa”: expedición militar de verano), después –desde el siglo XI– cobrando conciencia, desde el imaginario popular a los lemas y divisas nobiliarios y reales, del imperioso mandato histórico de recuperar y reconstruir una “nación” que siguiese el rastro de la monarquía visigoda. Se pueden discutir y matizar los detalles o, incluso, las grandes valoraciones globales, pero no negar los hechos ni cargar contra un adversario político que se limita a dejar constancia de los mismos, máxime ante un auditorio nada sobrado de conocimientos de historia de España.
Bien es cierto que Aznar estaba reventando el gran descubrimiento que en esos días Rodríguez había destapado para disfrute y gloria de la Humanidad entera: la Alianza de Civilizaciones, casi ná; y además, sugería que la historieta del paraíso andalusí requería más prudencia y menos fantasía; o sea, Aznar fungía de Aznar, de adulto rompejuguetes peligrosos de niños bobos, asumiendo la antipatía del papel y dejando claro –demasiado ante quienes detestan la claridad– que huelgan las sonrisas de disminuido profundo, las “disparateces” de Moratinos y las “extratégias” de Rodríguez si lo que anda en juego –y anda– es la subsistencia de nuestra sociedad, libre y abierta como es, la conservación de nuestras catedrales de Burgos o Bamberg, el sentido de nuestra –y bien nuestra– iconografía cristiana, la perduración trasatlántica del español o el alcance de “La Carga de los Mamelucos” que, por cierto, también eran musulmanes. En fin, hablamos de ese al que los árabes denominan “Paraíso perdido” y que sería mejor llamar “El que nunca existió” como tal.
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1 Junio 2006
Juan José Valle presenta en Palma el libro «El alma del guerrero»
http://www.ultimahora.es/segunda.dba?-1+10+361396
L.M.
La sede de ARCA acogió ayer por la noche la presentación del libro «El alma del guerrero», de Juan José Valle. El volumen narra las hazañas de un príncipe mallorquín, Yahya «el Mallorquín», que contribuyó a la caída del imperio almohade y a la desintegración del Al-Andalus.
«Los personajes, ciudades, batallas y demás hechos son reales, soportan la investigación más rigurosa», afirmó el investigador histórico. El imperio de Yahya «el Mallorquín» se extendió desde Argel hasta los oasis de Fezzan, «casi en las puertas de Egipto». «Luchó 52 años contra el imperio almohade, un periodo de tiempo muy extenso».
¿Cómo terminó «el Mallorquín» con el imperio almohade? «Cuando el califa Yaqud al-Mansur sitiaba Toledo, se sublevó en Túnez y Libia y le obligó a volver al Magreb, salvando Castilla. Cuando el califa Al-Nasir invadía la Península, se volvió a sublevar, contribuyendo a la derrota de las Navas de Tolosa. Él hizo que el imperio almohade se desintegrara. Poco después de estas sublevaciones, Mallorca, Córdoba y Sevilla cayeron en manos cristianas». Estas hazañas no se estudian en Balears, «pero sí se explican en las escuelas del Magreb». El libro incluye poemas reales, «los cronistas de aquella época siempre daban constancia de lo ocurrido».
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15 Mayo 2006
Exposición. Ingeniería Hidráulica en la Murcia Ärabe
Del 12 de mayo de 2006 al 30 de junio de 2006
Lugar: Museo Hidráulico de los Molinos del Río Segura
Población: Murcia
Varias generaciones de “murcíes” (murcianos de Al-Andalus) se esforzaron por revitalizar el entorno de la ciudad y convertirlo en un vergel. El diseño de un complejo sistema de regadío y el uso de artefactos (norias, aceñas, algaidones… ) hizo posible una profunda transformación del paisaje cuya belleza y feracidad fue alabada por famosos geógrafos árabes como al-Idrisi ( 1100-1165) .
Esta exposición recorre los tiempos de este geógrafo y científico árabe, autor de una de las más importantes obras geográficas de la época medieval, teniendo como eje fundamental el estudio del uso del agua que se hacía en la época.MÁS
http://www.regmurcia.com/servlet/integra.servlets.ServletLink?sit=a%7C0%7Cc%7C371%7Cm%7C0%7C&cad=AgendaPortal$Ingenier%C3%ADa%20Hidr%C3%A1ulica%20en%20la%20Murcia%20%C3%84rabe$8055$DETALLE_EVENTO
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15 Mayo 2006
Terrorismo y guerra
GEES
Cualquier islamólogo tiene una ristra de citas del libro sagrado, nada en absoluto sacadas de su contexto, en las que jihad es Guerra Santa con todas las de la ley o de la palabra escrita. Violenta, implacable. No hay manera de ganar si ni siquiera sabemos de qué va el asunto. Todos los terroristas se consideran luchadores por una causa, a escoger preferentemente de entre dos, a veces unidas, la definitiva justicia social del absoluto igualitarismo, y la liberación colectiva de cualquier grupo humano que se considera nacional y se siente oprimido hasta que disfrute de su propio estado. Otras muchas frustraciones pueden crear la misma rabia con similares resultados, pero son menos frecuentes. Más
Lo de matar indiscriminadamente para imponer la unidad política a los discípulos de Mahoma, recuperar todas las tierras que, como Al-Andalus, alguna vez pertenecieron al Islam y ya nunca pueden dejar de ser patrimonio de Allah, y finalmente someter a los infieles, es la especificidad del moderno jihadismo. Los musulmanes demuestran Corán en mano que jihad es una lucha interior por el perfeccionamiento moral. Es también eso, porque cualquier islamólogo tiene una ristra de citas del libro sagrado, nada en absoluto sacadas de su contexto, en las que jihad es Guerra Santa con todas las de la ley o de la palabra escrita. Violenta, implacable. Bin Laden puede distorsionar las enseñanzas del profeta, pero en eso no miente. Mienten los que se agarran al primer significado y tratan de ocultarnos el segundo.
Nada de extraño pues si Zacarías Moussaoui, el doblemente fracasado terrorista del 11-S, que ni consiguió tomar parte en el atentado ni que lo condenaran a muerte para ir a gozar cuanto antes del premio que le aguarda, grita en su juicio que él es un soldado del Islam. Todos pretenden ser guerreros, todos gudaris de una gran causa por la que sacrifican y se sacrifican. El problema es que, sea cual sea la motivación de sus hazañas, se trata de actos nítidamente definidos por el código penal, con independencia de su motivación. Por eso nos aferramos a la naturaleza netamente delictiva de los actos, no a los motivos, para no concederles el beneficio de una ennoblecedora condición militar. Pero aunque los consideremos peores que los peores criminales, no los confundimos, seguimos llamándoles terroristas. La motivación no es ningún atenuante, pero diferencia.
El megaterrorismo de la internacional jihadista da un salto cualitativo. Sus actos criminales son megacrímenes pero también actos de guerra. Sólo mediante acciones bélicas se pueden cometer crímenes de esa envergadura. Son otra cosa, y hasta la propia ETA se refrena para que no la confundan con la nueva categoría. Los jihadistas son, además, enemigos. Así como lo terrorista no quita lo criminal, la índole de enemigo no anula la de terrorista. Los que por ceguera ideológica o sectarismo partidista se niegan a reconocerlo están haciéndole a ese enemigo un favor estratégico mucho más grande que la infamia que sobre ellos arrojan al reducirlos a meros delincuentes. Nadie pone en duda que lo sean. Pero esa reducción los trivializa, por muchos adjetivos denigratorios que la acompañen, y tergiversa nuestra comprensión del fenómeno. Es un gran obstáculo en la lucha contra éste. ¿Cuántos muertos más necesitarán algunos para convencerse?
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