MIGUEL NIGORRA OLIVER
Los geógrafos e historiadores del Califato de Córdoba habían llamado a las Islas Baleares, desde su perspectiva de poniente, «las islas orientales de Al-Andalus», mientras hoy los cronistas políticos catalanes, desde la perspectiva del norte, las llaman sencillamente «les illes». En ambos casos se manifiesta una cierta impresión de accesoriedad o quizá, aunque preferiría no pensarlo, de desprecio. Al final del primer milenio era comprensible la minusvaloración de nuestras islas puesto que el único atractivo que ofrecían estaba representado por las escalas técnicas y por el intercambio que ofrecían a la navegación mediterránea pues la verdadera base de la riqueza se centraba cerca de los ríos que daban feracidad a las ricas vegas que regaban. Pero hoy «la insularidad» ha pasado de escala técnica a ser fuente de creación de una nueva riqueza, que excede del simple turismo, por la aportación hecha por el transporte aéreo que salta con facilidad y poco coste los antiguos obstáculos de las montañas y el mar.
No creo que con los nuevos estatutos que se avecinan España se rompa, aunque es muy probable que se debilite de tal forma que se puede quedar como la víctima de un accidente de tráfico que no se muere en el encontronazo pero resulta tan tocada que se queda tetrapléjica. Y aquí, por desconocimiento o por irresponsabilidad, todo el mundo parece encantado. Con la cantinela del suave y democrático camino hacia la paz o con la profundización de la virtudes de los nacionalismos, los costes económicos que todo ello supondrá, más los que vengan por la complicación y ambigüedad de las nuevas competencias, tanto si son repartidas, compartidas ó superpuestas y envueltas en la inseguridad jurídica que siempre ayuda al consenso político a corto plazo, tales costes, repito, pueden llevar a la pérdida de la fuerza y velocidad de crucero que nuestra economía ha obtenido.
Tampoco se rompió el Islam español cuya máxima cota de poder y prestigio se había obtenido con el Califato, pero se debilito gravemente con la aparición de las Taifas en las que la pérdida de poder no impidió una época de notable desarrollo cultural y artístico que en aquel momento era incluso superior al de los reinos cristianos, nacidos en la dureza de las montañas del norte, que fueron al final los vencedores. La debilidad sobrevenida por las Taifas no se resolvió con las nuevas ayudas africanas y la fuerza impresionante de los almorávides y los almohades que no se integraron en una población de cultura superior que había sumado a su sólida base romana y visigótica lo mejor del Islam, que además había aportado desde oriente lo más avanzado de la ciencia y filosofía griegas. Con la disolución del Califato nuestras islas pasaron a depender de la Taifa de Denia, lo que podría ser un aviso de que hoy podrían pasar a depender de la Taifa catalana.
Ante esta perspectiva global ¿cuál es, en las islas, nuestro futuro? ¿cuáles son nuestras armas para ganarlo? Si escuchamos a nuestros políticos o a la mayoría de nuestros intelectuales, nuestras armas son y serán el victimismo frente Madrid, el lloriqueo estilo Boabdil, el despilfarro en todas sus múltiples variantes y ricos matices, la subvención sistemática a todo y passar sa basina por Europa con la monserga de alterar la geografía cambiando nuestra insularidad mediterránea, para que se equipare con la de las islas «ultraperiféricas». Si con todo nuestro lloriqueo no se conmueven los europeos, también passarem sa basina por delante de la Generalitat, -reconoceremos la capitalidad de Barcelona para nuestra incipiente y ridícula Eurorregión, impondremos obligatoriamente a todos el .cat, aceptaremos un trilingüismo descafeinado con predominio absoluto del catalán estándar o crearemos algún otro invento «sin importancia» para ir tirando.
¿De qué nos sirve haber alcanzado en nuestras islas un desarrollo por encima de la media de las regiones europeas? ¿Por qué seguir mendigando y en cambio despreciamos el ejemplo dado y los recursos creados por nuestros mejores empresarios que han saltado el Océano, que han sido considerados en su especialidad, lo mejor del mundo? ¿Por qué no aprovechar todas nuestras inmensas posibilidades insulares? ¿Vamos a seguir jaleando a nuestros dirigentes, del color que sean, por su miopía de no ver más lejos de la fecha de las próximas elecciones?

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